Autor: Jose María Toro – Maestro, formador y escritor.

Categoría: Crecimiento y transformación.

Palabras Clave: Descanso. Trabajo. Vacaciones. Ocio. Descanser.

Las perversiones del ámbito del trabajo se proyectan también en el hábito del descanso; dicho de otra manera, nuestras vacaciones pueden ser una simple reverberación, un reflejo, una reproducción del cansancio y de las condiciones de las que se huye.

Es entonces cuando la perversión de uno se refleja en otro, de manera que nuestros modos de trabajar afectan, condicionan o configuran nuestros modos de descansar y viceversa.

Cuando la dinámica descanso-trabajo es un círculo vicioso

Se crea un círculo vicioso entre descanso-trabajo, un círculo en que el movimiento es un movimiento centrífugo, es decir, tanto el trabajo como el descanso, lo que hacen es llevarnos hacia afuera, centrifugan hacia afuera, es un círculo desequilibrado y desequilibrante, porque si miramos nuestra vida, nuestros horarios, nuestra jornada del día, hay un desequilibrio entre el trabajo y el descanso.

Es además un movimiento en el cual la dinámica trabajo-descanso es deshumanizadora, porque en esta visión en la que el descanso es solo un alivio, un reponer fuerzas, la persona no es considerada una persona sino una fuerza de trabajo dentro del sistema de producción.

Cuando la dinámica descanso-trabajo es un círculo virtuoso

Podemos, no obstante, vivir esa dinámica trabajo-descanso como una dinámica de convergencia, en el cual el movimiento ya es centrípeto y no centrifugo. Es cuando, tanto el trabajo como el descanso nos devuelven o nos instalan en nuestro centro. El trabajo que yo desarrollo en el mundo, lo realizo como una expresión de mi centro, de mi vocación o de un anhelo profundo del corazón.

Una sociedad humanizada equilibra justa y adecuadamente los tiempos de trabajo y descanso. En ella, la persona ya no es una fuerza de trabajo ni de producción, sino una fuerza creadora y creativa.

En nuestra cultura, las vacaciones las asociamos sobre todo al no tener que hacer un trabajo obligado y habitual, es decir, las vacaciones son sinónimo de no tener que trabajar, más que de descanso. Y no es lo mismo no trabajar que descansar.

El descanso como bendición del trabajo

El descanso auténtico bendice y santifica nuestros trabajos. 

El trabajo, hecho con amor y entrega, en condiciones justas y apropiadas, justifica y reclama nuestro descanso.

Todo descanso puede ser acogido como momento sagrado, como ocasión propicia para mirar, reconocer, aceptar y bendecir todo el trabajo realizado. Al descansar comprendemos que la labor ha sido culminada, aunque haya quedado inconclusa y que, por tanto, podemos retirarnos de ella para acercarnos algo más a nosotros mismos.

Cuando mi trabajo es ofrenda, el descanso es regalo. Si el trabajo es un modo de entregarse, el descanso que le complementa ha de ser una manera de recuperarse. En el trabajo nos entregamos al mundo. 

En el descanso nos entregamos a nosotros mismos. 

Si con nuestro trabajo damos y ofrecemos, en el descanso hemos de disponernos a recibir. 

El descanso dignifica y resalta los trabajos que le preceden y adecenta y embellece las tareas que le siguen.

Si no descanso, profano mis trabajos.

Si no trabajo, pervierto mi descanso.

Para profundizar: 

“Descanser. Descansar para Ser” (3ª ed.) http://bit.ly/2scCib8

No es un libro de lectura sino un “manual de trabajo”. 

Una propuesta para liberarnos del secuestro del descanso y del tiempo y una invitación a vivir en sintonía con la vibración, la energía y la espiritualidad de cada estación.


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