Autor: José María Toro. Maestro, formador y escritor

Categoría: Familia y Educación Consciente. (Educación Consciente. Familia y Escuela)

Palabras Clave: Educación, Conciencia, Sabiduría, Sistema Educativo, Motivación

Cada vez que escribo o hablo de educación, la sangre se hace presente en mis palabras porque, en el sagrado arte o en la noble tarea de educar, están mi vocación y mi destino, mis anhelos y esperanzas, mis logros y realizaciones, así como mis sueños y mi vigilia. En una palabra, en ella está mi vida.

La educación es como una moneda, cuyas dos caras son la Conciencia y la Sabiduría. 

Es como un corazón en el que estas dos palabras representan los dos latidos que la mantienen como algo vivo y que genera vida.

Haciendo mías las interrogantes de Edgar Morín me pregunto: 

“¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido con el conocimiento? 

¿Dónde está el conocimiento que perdimos con la información?”.

La educación no puede estar solo ni fundamentalmente al servicio del sistema económico, sino que ha de servir para la construcción de conciencias despiertas y libres, para modelar personas lúcidas y lúdicas, críticas y respetuosas.

Una educación es eficaz cuando configura a sujetos que se reconocen como alumnos permanentes y eternos, cuando es capaz de seducir la atención de un niño y mantener viva su inclinación natural al asombro, a la investigación y a la creatividad. 

La verdadera educación no necesita motivar al alumno, porque actúa y opera de manera que respeta incondicionalmente a las personas implicadas en ella, asegurándose que mantiene vivos, en niños, jóvenes y adultos, el entusiasmo, la sorpresa y la admiración.

Las sucesivas leyes de educación que aparecen con cada cambio de gobierno parecen querer modificarlo todo sin cambiar nada. 

No me canso de repetir, una y mil veces, diciéndolo cada vez con la frescura de la aurora o con la fragancia de un jazmín recién abierto, que: 

“La experiencia que un niño tiene de lo que es un sistema educativo, 

la vivencia que un alumno tiene de lo que es la escuela, 

es aquella que su maestro o maestra pone delante”.

Y lo ejemplifico con esta imagen, tan clara como contundente y veraz: 

“A veces, en un mismo colegio, separados por una fina pared de ladrillo, 

se viven dos experiencias radicalmente diferentes de lo que es educar”.

Sin conciencia no hay educación. 

Pero no cualquier conciencia. 

Conciencia de lo que realmente somos, conciencia honesta y comprometida, conciencia despierta. 

Conciencia que, más allá de un mero “darse cuenta”, permite y asegura que “podamos dar cuenta” de nuestras acciones y omisiones, de nuestra vida toda y por entero. 

La educación ha de estar al servicio de la Sabiduría, esa que nos adiestra en el arte de saborear lo sencillo de cada día y que nos entrena en la habilidad para no dejar de tener hambre de aprender y para seguir degustando los aprendizajes. 

La educación no es sino un campo sin vallas ni puertas en el que han de cultivarse, para que crezcan, las flores de la sensibilidad y de la belleza. 

Ha de contribuir, también, para que las conciencias maduren y para que lo sembrado como semilla y potencial en los corazones de los niños, se convierta y pueda ser cosechado por la vida como fruto maduro, nutritivo y exquisito. 

Texto del libro: El arte de mirar y escuchar desde el Corazón (Desclée, 2022)

¿Cuál es tu experiencia de escuela y de educación con respecto a lo señalado en el artículo?

¿Qué necesitas, si eres educador o educadora, para hacer de tu labor pedagógica un ejercicio de Conciencia y Sabiduría?

Puedes encontrar abundante material para ayudarte en esa tarea en el blog LA SABIDURÍA DEL CO-RAZÓN. 


0 comentarios

Deja una respuesta

Marcador de posición del avatar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *