Autor: Juan José Garay 

Categoría: Comunicación y Relaciones

Palabras Clave: Apego, Desapego, Dependencia, Consciencia, Vida Consciente, Autoconocimiento, Infinity, Universidad

¿Estás apegado a algo o a alguien?

El apego es un vínculo afectivo profundo e inherente a todo ser humano, que puede manifestarse sobre algo o alguien.

Si lo enfocamos a las relaciones personales puede durar un instante (una mirada, una sonrisa); un día (conocer a alguien interesante y no haber intercambiado el teléfono al despedirnos); una temporada (relación de amistad, pareja, matrimonio) o puede quedar para siempre en un vínculo emocional muy intenso que une fuertemente, pudiéndose incluso generar conflicto y sufrimiento (duelo emocional inacabado, pelea con lo que llamamos injusticias, maltrato o una relación de maternidad o paternidad que provoca un estrecho vínculo no solo emocional sino energético).

Sobre esta mirada básica para posicionarnos en el apego, te invito a que observes en el mundo de las relaciones sentimentales, especialmente me enfocaré en las relaciones donde hay intercambio de intimidad y sexualidad, podemos ver que ese intercambio también provoca fuerte apego, incluso aunque no siempre sean relaciones sanas.

¿Qué pasa en nuestro interior para que aún en una relación no sana pueda haber apego?

En resumen, hay una dependencia emocional que no viene solo de esa relación, sino que está sustentada en una serie de carencias no atendidas, no sanadas. En un estado de consciencia que no deja ver más allá o, al comenzar a ver, cuesta “desapegarse“, “desvincularse“, creando patrones mentales y de conducta para justificar lo que sucede.

Se puede salir de esto, aunque requiere tomar consciencia y responsabilizarse. El último paso cuesta por la gran identificación que hay aún con la mente.

Si se trata de relaciones con sexualidad afectiva, se genera un vínculo emocional y energético del que normalmente las personas no queremos prescindir. Si solo se practica con una sola persona, el vínculo es mucho mayor puesto que el intercambio afectivo y energético compartido se concentra en una sola persona.

Si son relaciones donde no hay demasiado intercambio afectivo, bien porque no hay mucha conexión, o bien porque el vínculo emocional es bajo, puede seguir habiendo apego o dependencia del encuentro, que colmen el apetito y el deseo de placer y afecto.

También hay relaciones donde se puede hablar de relaciones poco sanas o “tóxicas”, en las que se produce una relación de apego y dependencia por la baja autoestima de alguna de las personas o por ambas, incluso porque se están consumiendo drogas, que pueden ser transferidas también en el intercambio de fluidos y energía, además del intercambio pasional y afectivo.

Ninguno de estos ejemplos que comparto es para que veamos cuál es la relación más adecuada, al menos no es esa la intención, sino para que podamos observar cómo dentro de las relaciones sentimentales se produce un alimento para el APEGO y que, aunque este forma parte del ser humano, ha de ser atendido para que cumpla solo con su atención amorosa y no para que provoque dolor y sufrimiento.

Mira esto: APEGO = AP-EGO

Todo ser humano necesita experimentar y compartir, en mayor o menor medida, placer, afecto y cariño. Toda persona quiere vivir la experiencia de amar y ser amada; todo ser humano está aquí para vivir lo que significa AMAR.

Todo esto requiere del contacto íntimo y, una vez se produce ese contacto, se desatan estados de dependencia y apego, que solo pueden ser atendidos desde el AMOR, que es un estado de consciencia elevado, que no ha de confundirse con el amor.  (*)

(*) “AMOR” es aquel estado elevado, que no atiende a condicionamientos, aquel que es siempre sin importar el momento o la persona. Mientras el “amor/Amor” está condicionado al romanticismo, al tipo de relación, a quien es la otra persona, a que haya una contrapartida o expectativa.

Os invito a que reconozcamos en nuestro interior el apego con el que vivimos determinados aspectos y relaciones con la vida y, que desde la humildad y la honestidad, observemos cómo influyen en la forma en la que nos relacionamos y con el que llegamos a esas relaciones.

Revisa tu historia relacional y observarás que aquello que no has atendido con AMOR queda pendiente y se marcha a la siguiente relación que comienzas. Es por eso que podemos experimentar comportamientos y emociones dolorosos repetidamente en diferentes relaciones. ¿Y si tenemos algo que aprender y no nos damos cuenta?

Lo que no se atiende, queda para septiembre

Observa que la calidad de una relación empieza con uno mismo: al vivir contigo primero desde el respeto, fidelidad, amorosidad y libertad, y que continúa cada instante al compartir, atendiendo a cómo está el espacio de consciencia interno y cómo transformarlo para conectar con el AMOR en las relaciones con otras personas.

A la mente egoica “no le hace gracia”, pero la vida es un ejercicio continuo de SOLTAR. Quedarnos “enganchados a personas, situaciones…”, por muy emocionante o romántico que parezca, es INSANO y doloroso. Siempre hay aprendizaje, de hecho para eso son las relaciones.

Observa esto: las relaciones una vez empezadas nunca acaban, solo cambian.

Quizás hemos de seguir experimentando el apego en nuestra relación como seres humanos; sin embargo, siempre desde una consciencia que no haga de él algo para entrar en bucles de dolor o sufrimientos innecesarios. 

Que la consciencia sea la fuente de AMOR para que la mente pueda albergar una nueva forma de atender las relaciones.


Te propongo una pregunta de toma de consciencia, a modo de ejercicio, para que explores tus apegos:

¿Qué QUIERO hacer con el apego a…?

¡Feliz nuevo día consciente! 


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