Autor: Leticia Garcés Larrea. Licenciada en pedagogía y formadora especialista en educación emocional

Categoría: Educación Consciente.

¿Para qué sirve la Educación Emocional? ¡Prepárate que la lista es larga! Principalmente para que las relaciones sean positivas, para tomar decisiones convenientes, para hacer un uso responsable de la libertad, para saber decir no, poner límites y saber aceptarlos cuando otras personas también los ponen, para gestionar el estrés, tolerar las frustraciones, identificar y expresar emociones, generarnos bienestar emocional o reconocer cuándo estamos en peligro, saber pedir ayuda y solidarizarnos con otras personas que sufren a través de nuestra empatía, saber expresar nuestras opiniones de forma asertiva y comunicar peticiones claras…

¿Sigo? Podría hacerlo y crear una lista interminable de multitud de beneficios que tiene la Inteligencia Emocional en nuestras vidas.

¿Te imaginas si tu hijo o hija tuviera todo esto? ¿Y si le faltara algo de esto? Con esta breve introducción podemos llegar a la conclusión de que nuestras vidas se desarrollan mejor con esta inteligencia de la que el mundo se ha hecho eco gracias a Daniel Goleman, un periodista que en 1995 publicó el libro Inteligencia emocional.

“Hubo años donde la Educación Emocional era algo invisible, hoy está más presente que nunca, por los amplios y reconocidos beneficios de su uso”

Hablar de emociones se ha vuelto algo normal, incluso parece que se ha puesto de moda, pero hubo unos años donde solo lo cognitivo y los resultados académicos importaban. La Educación Emocional quizás se haya puesto de moda, pero no porque sea una bonita forma de educar, sino porque te permite ver al niño de forma bonita, tal y como merece ser visto, con una mirada afectiva, respetuosa y amable. 

Lo ideal sería que todos los niños crecieran en un clima afectivo donde recibiesen buenos tratos y unos cuidados que tuvieran en cuenta su desarrollo cerebral, es decir, sin castigos pero con límites firmes.  De esta manera, aprender a amar sintiéndose amado sería más fácil. 

Pero la realidad es que no todos los niños tienen la oportunidad de crecer con referentes que practiquen la regulación emocional a diario, por lo tanto, muchas personas necesitan aprender de adultos lo que de niños no adquirieron. Algunos  necesitan sanar heridas de su infancia, aprender a gestionar sus emociones y a educar de una forma respetuosa, porque es muy probable que de no ser así, la crianza resulte difícil de sobrellevar y se generen nuevas heridas en las próximas generaciones.

“Muchas personas necesitan aprender de adultos lo que de niños no adquirieron”

La buena noticia es que los seres humanos tenemos un cerebro plástico y moldeable que cambia con la experiencia. No estamos determinados por nuestra infancia, quizás nos haya influido, pero podemos elegir cómo queremos narrar nuestra historia porque, afortunadamente, tenemos la capacidad de desarrollar nuestra resiliencia, que viene a ser, el salir fortalecidos de una situación adversa sin dejarnos romper por el dolor. 

¿Has oído la historia de los dos lobos? Cuenta la leyenda que un abuelo le contaba a su nieto que dentro de cada persona, viven dos lobos que se pelean constantemente.  Uno de ellos es violento y está siempre enojado.  El otro está repleto de perdón, compasión y amor. El nieto le preguntó: “¿Cuál de los dos gana la pelea?”,  a lo que éste respondió,  “Aquel al que tú alimentes, ese se quedará en el corazón”.

Teniendo en cuenta esta leyenda, podemos decir que la Educación Emocional es la mejor herramienta para capacitar a los niños con el fin de ganar esta batalla de gestión emocional. La ira es una emoción displacentera, pero no por eso negativa o mala, así como la alegría tampoco es una emoción buena, sino agradable y placentera. Aprender a disfrutar de la vida es tan importante como aprender a gestionar un conflicto, disfrutar de un momento único es tan importante como saber pasar un duelo y disfrutar de una compañía es tan importante como saber estar solo. 

¿Qué les pasa a esas personas que no saben alimentar al “lobo compasivo”? Pues que el otro lobo se adueña del terreno y, muy probablemente, dirigirá los pensamientos, creencias y acciones, y la mente se volverá más pesimista, la boca expresará queja más fácilmente y el rostro estará más apagado. Educar con Inteligencia Emocional permite que los niños se conviertan en adultos emocionalmente competentes sabiendo estar con ellos y con los demás, en pareja y sin ella, crear una familia o un proyecto de vida, cuidar las relaciones sociales o laborales y sobre todo cuidar de su propia salud mental.Al final, son tres las cosas que importan: cómo hemos vivido, cómo hemos amado y cómo hemos aprendido a dejar ir. Jack Kornfield


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